diácono

El diácono de nombre (diakonos) sólo quiere decir el ministro o el criado, y es empleado en este sentido ambos en la Versión de los sesenta (aunque sólo en el libro de Esther, p.ej 2:2; 6:3) y en el Nuevo Testamento (p.ej Matthew 20:28; romanos 15:25; Ephesians 3:7; etc.). Pero en tiempos Apostólicos la palabra comenzó a adquirir un sentido más definido y técnico. La escritura de aproximadamente 63 d.J.C San Pablo se dirige “a todos los santos que están en Philippi, con los obispos y diáconos” (Philippians 1:1). Unos años más tarde (1 Timothy 3:8) él impresiona sobre Timothy que “los diáconos deben ser castos, no doble lengua, no dado a mucho vino, no avaro del lucro asqueroso, sosteniendo el misterio de la fe en una conciencia pura.” Él manda adelante que ellos debieran “ser probados primero: y tan déjeles ministro, no teniendo ningún delito”, y él añade que ellos deberían ser los maridos de una esposa: quiénes gobiernan bien a sus niños y sus propias casas. Ya que ellos que tienen ministered bien deben comprar a ellos un grado bueno, y mucha confianza en la fe que está en Cristo Jesús.” Este paso es digno de la nota, no sólo porque esto describe las calidades deseables en candidatos por el diaconate, sino también porque esto sugiere que la administración externa y el manejo del dinero probablemente formarían la parte de sus funciones. Romans 15:25; Ephesians 3:7; etc.). But in Apostolic times the word began to acquire a more definite and technical meaning. Writing about 63 A.D. Saint Paul addresses “all the saints who are at Philippi, with the bishops and deacons” (Philippians 1:1). A few years later (1 Timothy 3:8) he impresses upon Timothy that “deacons must be chaste, not double tongued, not given to much wine, not greedy of filthy lucre, holding the mystery of faith in a pure conscience.” He directs further that they must “first be proved: and so let them minister, having no crime”, and he adds that they should be the husbands of one wife: who rule well their children and their own houses. For they that have ministered well shall purchase to themselves a good degree, and much confidence in the faith which is in Christ Jesus.” This passage is worthy of note, not only because it describes the qualities desirable in candidates for the diaconate, but also because it suggests that external administration and the handling of money were likely to form part of their functions.

ORIGEN E HISTORIA TEMPRANA DEL DIACONATE

Según la tradición constante de la Iglesia Católica, la narrativa de Acciones 6:1-6, que sirve para introducir la cuenta del martirio de Saint Stephen, describe la primera institución de la oficina de diácono. Los Apóstoles, a fin de encontrar las quejas de los judíos helenísticos que, “sus viudas fueron descuidadas en los ministerios diarios” (diakonia), llamado juntos

la multitud de los discípulos y dijo: no es la razón que deberíamos dejar la palabra de Dios y saque (diakonein) mesas. Por que, hermanos, mire ustedes siete hombres de la reputación buena, llena del Espíritu Santo y sabiduría, a quien podemos designar sobre este negocio. Pero nos daremos continuamente al rezo, y al ministerio de la palabra (te diakonia tou logou). Y al refrán le fue gustado por toda la multitud. Y ellos eligieron a Stephen, un hombre lleno de la fe, y del Espíritu Santo Wherefore, brethren, look ye out seven men of good reputation, full of the Holy Ghost and wisdom, whom we may appoint over this business. But we will give ourselves continuously to prayer, and to the ministry of the word (te diakonia tou logou). And the saying was liked by all the multitude. And they chose Stephen, a man full of faith, and of the Holy Ghost

(con seis otros que son llamados). Éstos ellos colocaron “antes de los Apóstoles; y ellos, rezo, impusieron manos a ellos. and they, praying, imposed hands upon them.

Ahora, a causa de que los Siete no son expresamente llamados diáconos y que algunos de ellos (p.ej Saint Stephen, y más tarde Phillip (Acciones 21:8) predicado y clasificado al lado de los Apóstoles, los comentaristas protestantes han puesto constantemente objeciones contra la identificación de esta opción de los Siete con la institución del diaconate. Pero aparte del hecho que la tradición entre los Padres es tanto unánime como temprana – p.ej Saint Irenaeus habla de Saint Stephen como el primer diácono – las semejanzas entre las funciones de los Siete quién sirvió las mesas y aquellos de los diáconos tempranos son los más asombrosos. Compare, por ejemplo, a ambos con el pasaje de las Acciones con 1 Timothy 3:8, citado encima, la oración siguiente de Hermas: Compare, for example, both with the passage from the Acts with 1 Timothy 3:8, quoted above, the following sentence from Hermas:

Ellos que tienen puntos son los diáconos que ejercieron su oficina mala y pillaron el sustento de viudas y huérfanos e hicieron ganancias para ellos de los ministerios que ellos habían recibido para funcionar.

O, otra vez, Saint Ignatius:

Aquellos que son diáconos de los misterios de Jesucristo deben complacer a todos los hombres de todos los modos. Ya que ellos no son diáconos de las carnes y bebidas [sólo], pero criados de la iglesia de Dios.

Saint Clement de Roma (c.95 d. C.) claramente describe la institución de diáconos junto con aquel de obispos que como son el trabajo de los Apóstoles ellos mismos. Adelante, hay que notar que la tradición antigua limitó el número de diáconos en Roma a siete, y que un canon del consejo de Neo-Caesarea (325) prescribió la misma restricción para todas las ciudades, sin embargo grandes, apelando directamente a los Hechos de los Apóstoles como un precedente. Parecemos, por lo tanto, a fondo justificados en la identificación de las funciones de los Siete con aquellos de los diáconos de quien oímos tanto en los Padres Apostólicos y los consejos tempranos. Establecido principalmente para liberar a los obispos y presbyters de sus más deberes seculares e injustos, notablemente en la distribución de la limosna de los fieles, no tenemos que hacer más que la memoria el lugar grande ocupado por el agapae, o banquetes de amor, en la adoración temprana de la iglesia, para entender como fácilmente el deber de la porción a mesas puede haber pasado en el privilegio de la porción en el altar. Ellos se hicieron los intermediarios naturales entre el celebrante y la gente. Dentro de la iglesia ellos hicieron público anuncios, ordenó los fieles, pedido conservado, y otros por el estilo. Fuera de ello ellas eran las autoridades del obispo en asuntos seculares, y sobre todo en el alivio de los pobres. Parece que su subordinación y deberes generales del servicio han sido indicados por su posición durante las asambleas públicas de la iglesia, mientras los obispos y los sacerdotes fueron asentados. Hay que notar que junto con estas funciones probablemente fue una parte grande en la instrucción de catechumens y la preparación de los servicios de altar. Incluso en los Hechos de los Apóstoles (8:38) el Sacramento de bautismo es administrado por el diácono Phillip. We seem, therefore, thoroughly justified in identifying the functions of the Seven with those of the deacons of whom we hear so much in the Apostolic Fathers and the early councils. Established primarily to relieve the bishops and presbyters of their more secular and invidious duties, notably in distributing the alms of the faithful, we need not do more than recall the large place occupied by the agapae, or love feasts, in the early worship of the Church, to understand how readily the duty of serving at tables may have passed into the privilege of serving at the altar. They became the natural intermediaries between the celebrant and the people. Inside the Church they made public announcements, marshaled the congregation, preserved order, and the like. Outside of it they were the bishop’s deputies in secular matters, and especially in the relief of the poor. Their subordination and general duties of service seem to have been indicated by their standing during the public assemblies of the Church, while the bishops and priests were seated. It should be noticed that along with these functions probably went a large share in the instruction of catechumens and preparation of the altar services. Even in the Acts of the Apostles (8:38) the Sacrament of Baptism is administered by the deacon Phillip.

Una tentativa ha sido hecha recientemente, aunque considerado por muchos como algo imaginaria, para remontar el origen del diaconate a la organización de aquellas comunidades cristianas helenísticas primitivas, que en la edad más temprana de la iglesia tenían todas las cosas en común, siendo apoyado por la limosna de los fieles. Para éstos es sostenido que algún administrador (oeconomus) debe haber sido designado administrar sus asuntos temporales. La presentación llena del sujeto es algo demasiado intrincada y confusa para encontrar el lugar aquí. Debemos contentarnos con notar que menos dificultad asiste a la teoría del mismo escritor de la derivación de las funciones judiciales y administrativas del arcediano de los deberes impuestos a un miembro seleccionado del colegio diaconal, quien llamaron el diácono del obispo (diaconus episcopi) porque a él fue destinado la administración temporal de fondos e institución benéfica de la cual el obispo era responsable principalmente. Esto condujo a tiempo a una cierta posición judicial y legal y a la vigilancia del clero subordinado. The full presentment of the subject is somewhat too intricate and confused to find place here. We must content ourselves with noting that less difficulty attends the same writer’s theory of the derivation of the judicial and administrative functions of the archdeacon from the duties imposed upon one selected member of the diaconal college, who was called the bishop’s deacon (diaconus episcopi) because to him was committed the temporal administration of funds and charities for which the bishop was primarily responsible. This led in time to a certain judicial and legal position and to the surveillance of the subordinate clergy.

DEBERES DE DIÁCONOS

1. Que unos, si no todos, los miembros del colegio diaconal estuvieran en todas partes administradores de los fondos de iglesia y de la limosna coleccionada para viudas y huérfanos sean incontestables. Encontramos el hablar de Saint Cyprian de Nicostratus como habiendo defraudado a viudas y huérfanos así como robamos la iglesia. Tal especulación era todo el más fácil porque los ofrecimientos pasaron por sus manos, por lo menos en alto grado. Aquellos regalos que la gente trajo y que no fueron hechos directamente al obispo fueron presentados a él por ellos y por otra parte ellos debían distribuir las oblaciones (eulogias) que permaneció después de que la Liturgia había sido celebrada entre los pedidos diferentes del clero según ciertas proporciones fijas. Sin duda era que de tales funciones como éstos que Saint Jerome llama al diácono mensarum y ministro viduarum. Ellos buscaron el enfermo y los pobres, haciendo un informe al obispo sobre sus necesidades y después de su dirección en todas las cosas. Ellos también debían invitar de edad de mujeres y probablemente otros también, al agapae. Entonces en cuanto al obispo ellos debían liberarle de sus funciones más laboriosas y menos importantes y de esta manera ellos vinieron para ejercer una cierta medida de la jurisdicción en los casos más simples que fueron presentados a su decisión. Del mismo modo, ellos buscaron y reprobaron a delincuentes como. Sus autoridades en el fino, como las Constituciones Apostólicas declaran, ellos debían ser sus “oídos y ojos y boca y corazón”, o, ya que es posado en otra parte, “su alma y sus sentidos.” (psique kai aisthesis). Such speculation was all the easier because the offerings passed through their hands, at any rate to a large degree. Those gifts which the people brought and which were not made directly to the bishop were presented to him through them and on the other hand they were to distribute the oblations (eulogias) which remained over after the Liturgy had been celebrated among the different orders of the clergy according to certain fixed proportions. It was no doubt that from such functions as these that Saint Jerome calls the deacon mensarum et viduarum minister. They sought out the sick and the poor, reporting to the bishop upon their needs and following his direction in all things. They were also to invite aged women and probably others as well, to the agapae. Then with regard to the bishop they were to relieve him of his more laborious and less important functions and in this way they came to exercise a certain measure of jurisdiction in the simpler cases which were submitted to his decision. Similarly, they sought out and reproved offenders as his deputies. In fine, as the Apostolic Constitutions declare, they were to be his “ears and eyes and mouth and heart”, or, as it is laid down elsewhere, “his soul and his senses.” (psyche kai aisthesis).

2. Otra vez, como las Constituciones Apostólicas adelante explican en algunos detalles, los diáconos eran los guardas del pedido en la iglesia. Ellos vieron que los fieles ocuparon sus sitios apropiados, que ninguno chismeó o durmió. Ellos debían dar la bienvenida a los pobres y de edad y tener cuidado que ellos no estaban en una desventaja en cuanto a su posición en la iglesia. Ellos debían tener la posibilidad en la puerta masculina como porteros de ver que durante la Liturgia ninguno entró o salió, y como Saint Chrysostom dice en términos generales:“ si alguien se comporta mal dejan al diácono son convocados”. Además de esto ellos fueron en gran parte empleados en el ministerio directo del altar, preparando los buques sagrados y trayendo el agua para las abluciones, etc., aunque en tiempos posteriores muchos de estos deberes pasaran sobre clérigo de un grado inferior. El más sobre todo eran ellos visible por el que ordenan y dirección de los fieles durante el servicio. Incluso para el día de hoy, como será recordado, tales anuncios como Ite, missa est, Flectamus genua, Procedamus en el paso, siempre son hechos por el diácono; aunque esta función fuera más pronunciada en los años tempranos. Lo siguiente del “Testamento recién descubierto de Nuestro Señor”, un documento del final del cuarto siglo, puede ser citado como un ejemplo interesante de una proclamación tal que fue hecha por el diácono justo antes de la Anáfora: They were to welcome the poor and aged and to take care that they were not at a disadvantage as to their position in church. They were to stand at the men’s gate as janitors to see that during the Liturgy none came in or went out, and as Saint Chrysostom says in general terms: “if anyone misbehave let the deacon be summoned”. Besides this they were largely employed in the direct ministry of the altar, preparing the sacred vessels and bringing water for the ablutions, etc., though in later times many of these duties devolved upon clerics of an inferior grade. Most especially were they conspicuous by their marshaling and directing the congregation during the service. Even to the present day, as will be remembered, such announcements as Ite, missa est, Flectamus genua, Procedamus in pace, are always made by the deacon; though this function was more pronounced in the early ages. The following from the newly discovered “Testament of Our Lord”, a document of the end of the fourth century, may be quoted as an interesting example of a proclamation such as was made by the deacon just before the Anaphora:

Déjenos levantarse; deje a cada uno saber su propio lugar. Deje al catechumens marcharse. Let the catechumens depart.
Ver que no sucio, ninguna persona descuidada está aquí.
Levante los ojos de sus corazones. Los ángeles consideran nosotros.
Ver, déjele que es sin la fe se marchan.
No deje a ningún adúltero, ningún hombre enojado estar aquí.
Si alguien es un esclavo de pecado le dejan marcharse.
Nos ver, deje suplicar como niños de la luz.
Déjenos suplicar a nuestro Señor y Dios y Salvador, Jesucristo.

3. Parece que el deber especial del diácono de leer el Evangelio ha sido reconocido a partir de un período temprano, pero no parece al principio haber sido tan distintivo como se ha hecho en la iglesia Occidental. Sozomen dice de la iglesia de Alejandría que el Evangelio sólo podría ser leído por el arcediano, pero los diáconos en otra parte ordinarios realizaron aquella oficina, mientras en otras iglesias, otra vez esto pasó sobre los sacerdotes. Puede ser esta relación al Evangelio que llevó a la dirección en las Constituciones Apostólicas, que los diáconos deberían sostener el libro de los Evangelios abiertos sobre la cabeza de un obispo electo durante la ceremonia de su consagración. Con la lectura del Evangelio también debería estar probablemente relacionado el ocasional, aunque raro, el aspecto del diácono en la oficina de predicador. El segundo Consejo de Vaison (529) declaró que un sacerdote podría predicar en su propia parroquia, pero que cuando él estaba enfermo un diácono debería leer una homilía por uno de los Padres de la iglesia, impulsando que los diáconos, siendo sostenido digno de leer el Evangelio fueran un digno fortiori de leer un trabajo de la autoría humana. La predicación actual por un diácono, sin embargo, a pesar del precedente del diácono Philip, era en todos los períodos raros, y el obispo de Arian de Antioch, Leontius, fue reprobado para dejar a su diácono Aetius predicar. Por otra parte, el mayor predicador de la iglesia siria del Este, Ephraem Syrus, es dicho por todas las autoridades tempranas para haber sido sólo un diácono, aunque una fase en sus propias escrituras lance un poco de duda sobre el hecho. Pero la declaración atribuida a Hilarius Diaconus, nunc neque diaconi en popolo praedicant (tampoco los diáconos predican ahora a la gente), indudablemente representa la regla ordinaria, tanto en el cuarto siglo como más tarde. It may be this relation to the Gospel which led to the direction in the Apostolic Constitutions, that the deacons should hold the book of the Gospels open over the head of a bishop elect during the ceremony of his consecration. With the reading of the Gospel should also probably be connected the occasional, though rare, appearance of the deacon in the office of preacher. The second Council of Vaison (529) declared that a priest might preach in his own parish, but that when he was ill a deacon should read a homily by one of the Fathers of the Church, urging that deacons, being held worthy to read the Gospel were a fortiori worthy of reading a work of human authorship. Actual preaching by a deacon, however, despite the precedent of the deacon Philip, was at all periods rare, and the Arian bishop of Antioch, Leontius, was censured for letting his deacon Aetius preach. On the other hand, the greatest preacher of the East Syrian Church, Ephraem Syrus, is said by all the early authorities to have been only a deacon, though a phase in his own writings throws some doubt upon the fact. But the statement attributed to Hilarius Diaconus, nunc neque diaconi in popolo praedicant (nor do the deacons now preach to the people), undoubtedly represents the ordinary rule, both in the fourth century and later.

4. En cuanto a la gran acción de la Liturgia parece claro que el diácono sostuvo siempre, tanto en el Este como en el Oeste, una relación muy especial a los buques sagrados y al anfitrión y cáliz tanto antes como después de la consagración. El Consejo de Laodicea prohibió los pedidos inferiores del clero de entrar en el diaconicum o tocar los buques sagrados, y un canon del primer Consejo de Toledo pronuncia que los diáconos que han sido sujetados a la penitencia pública deben en el futuro permanecer con los subdiáconos y así ser retirados del manejo de estos buques. Por otra parte, aunque el subdiácono después invadiera sus funciones, eran al principio los diáconos solos quien On the other hand, though the subdeacon afterward invaded their functions, it was originally the deacons alone who

  • presentado los ofrecimientos de los fieles en el altar y sobre todo el pan y vino para el sacrificio,
  • proclamado los nombres de aquellos que habían contribuido,
  • llevado los remanentes de los elementos benditos para ser reservados en la sacristía, y
  • administrado el cáliz y, de vez en cuando, el anfitrión sagrado, a comulgantes.

Una pregunta se levantó en cuanto a si los diáconos podrían dar la comunión a sacerdotes pero la práctica fue prohibida como impropia por el primer Consejo de Nicaea. En estas funciones que podemos remontarnos al tiempo de Justin Martyr lo insistían repetidamente, en la restricción de ciertas pretensiones, que la oficina del diácono era completamente subordinada de aquel del celebrante, u obispo o sacerdote. Aunque parezca en la localidad que los ciertos diáconos han usurpado el poder de ofrecer el Sacrificio Santo (offerre), este abuso fue con severidad reprimido en el Consejo de Arles (314), y no hay nada para apoyar la idea que el diácono estaba en cualquier sentido apropiado fue creído bendecir el cáliz, como hasta Onslow totalmente permite, aunque una frase bastante retórica de Saint Ambrose haya sugerido el contrario. De todos modos el cuidado del cáliz ha permanecido la provincia especial del diácono abajo a tiempos modernos. Ahora mismo en una misa alta las rúbricas directas que cuando el cáliz es ofrecido, el diácono debe apoyar el pie del cáliz o el brazo del sacerdote y repetir con él las palabras: Offerimus tibi, Domine, calicem salutris, etc. Como un estudio cuidadoso de primer “Ordo Romanus” muestra, parece en cierto modo que el arcediano de la misa papal preside el cáliz, y es él y sus diáconos del mismo tipo que, después de que la gente ha comunicado bajo la forma del pan, presente a ellos el calicem ministerialem con la Sangre Preciosa. Although certain deacons seem locally to have usurped the power of offering the Holy Sacrifice (offerre), this abuse was severely repressed in the Council of Arles (314), and there is nothing to support the idea that the deacon was in any proper sense was held to consecrate the chalice, as even Onslow fully allows, though a rather rhetorical phrase of Saint Ambrose has suggested the contrary. Still the care of the chalice has remained the deacon’s special province down to modern times. Even now in a high Mass the rubrics direct that when the chalice is offered, the deacon is to support the foot of the chalice or the arm of the priest and to repeat with him the words: Offerimus tibi, Domine, calicem salutris, etc. As a careful study of the first “Ordo Romanus” shows, the archdeacon of the papal Mass seems in a sense to preside over the chalice, and it is he and his fellow-deacons who, after the people have communicated under the form of bread, present to them the calicem ministerialem with the Precious Blood.

5. Los diáconos también íntimamente tuvieron que ver con la administración del Sacramento de bautismo., en efecto, no les permitieron por regla general a ellos para bautizar aparte de la necesidad grave (la Constitución Apostólica expresamente rechaza cualquier inferencia que podría ser dibujada del bautismo de Philip del eunuco), pero las preguntas sobre los candidatos, su instrucción y preparación, la custodia del chrism – que los diáconos debían traer cuando bendito – y de vez en cuando la administración actual del Sacramento como las autoridades del obispo, parezca que ha formado la parte de sus funciones reconocidas. Así, Saint Jerome escribe:seno chrismate y episcopi jussione neque presbyteri neque diaconi jus habiant baptizandi.” (Sin chrism y la orden del obispo ni presbyters ni los diáconos tienen el derecho de bautizo. Análogo a este precio era su posición en el sistema penitencial. Por regla general su acción sólo era intermediaria y preparatoria, y es interesante notar que prominente es la parte jugada por el arcediano como el intercesor en la forma para la reconciliación de penitents en el Jueves Santo todavía imprimido en el romano Pontifical. Pero las ciertas frases en documentos tempranos sugieren esto en casos necesariamente los diáconos a veces exonerados. Así Saint Cyprian escribe que si “ningún sacerdote puede ser encontrado y la muerte parece inminente, las víctimas también pueden hacer la confesión de sus pecados a un diácono, que poniendo su mano sobre ellos en la penitencia ellos pueden venir al Señor en la paz” (ut mano eis en poenitetiam imposita veniant anuncio dominum cum paso). Si en esto y casos similares su puede haber sido la pregunta de la absolución sacramental es muy debatido, pero los ciertos teólogos católicos no han vacilado sobre la vuelta de una respuesta afirmativa. Sin duda puede haber que en la confesión de Edad media por si necesariamente a menudo fuera hecho al diácono; pero entonces fue igualmente hecho a un laico, y, en la imposibilidad de Viaticum santo, hasta la hierba fue con devoción comida como una especie de comunión espiritual. Thus, Saint Jerome writes:sine chrismate et episcopi jussione neque presbyteri neque diaconi jus habiant baptizandi.” (Without chrism and the command of the bishop neither presbyters nor deacons have the right of baptizing. Analogous to this charge was their position in the penitential system. As a rule their action was only intermediary and preparative, and it is interesting to note how prominent is the part played by the archdeacon as intercessor in the form for the reconciliation of penitents on Maundy Thursday still printed in the Roman Pontifical. But certain phrases in early documents suggest that in cases of necessity the deacons sometimes absolved. Thus Saint Cyprian writes that if “no priest can be found and death seems imminent, sufferers can also make the confession of their sins to a deacon, that by laying his hand upon them in penance they may come to the Lord in peace” (ut mano eis in poenitetiam imposita veniant ad dominum cum pace). Whether in this and similar cases their can have been question of sacramental absolution is much debated, but certain Catholic theologians have not hesitated about returning an affirmative answer. There can be no doubt that in the Middle Ages confession in case of necessity was often made to the deacon; but then it was equally made to a layman, and, in the impossibility of Holy Viaticum, even grass was devoutly eaten as a sort of spiritual communion.

Para resumir, varias funciones descargadas por los diáconos son así concisamente declaradas por Saint Isidore de Sevilla, en el séptimo siglo, en su epístola a Leudefredus:

“A los diáconos esto pertenece para asistir a los sacerdotes y servir [ministrare] en todo que es hecho en los Sacramentos de Cristo, en el bautismo, al ingenio, en chrism santo, en la patena y cáliz, para traer la oblación al altar y arreglarlos, poner la mesa del Señor y cubrirlo, llevar la cruz, recitar [proedicare] el Evangelio y Epístola, ya que ya que dan el precio a lectores para recitar el Antiguo testamento, entonces lo dan a diáconos para recitar el Nuevo. A él también pertenece la oficina de rezos [officium precum] y el decreto de los nombres. Es él que da la advertencia de abrir nuestros oídos al Señor, es él que exhorta con su grito, es él también que anuncia la paz. It is he who gives warning to open our ears to the Lord, it is he who exhorts with his cry, it is he also who announces peace.

En el período temprano, tan muchos epitafios cristianos existentes declaran, la posesión de una voz buena era una calificación esperada en candidatos por el diaconate.
Dulcea nectareo promebat mella canore fue escrito del diácono Redemptus en el tiempo del Papa Damasus, y los mismos epitafios dejan claro que el diácono entonces tenía mucho para hacer con el canto, no sólo de la Epístola y Evangelio, sino también de los salmos como un solo.
Así del arcediano Deusdedit en el quinto siglo fue escrito:

Hic levitarum primus, en ordine vivens
Davidici cantor carminis iste fuit.

Pero el Papa Gregory el Grande en el consejo de 595 abolió los privilegios de los diáconos en cuanto al canto de Salmos, y cantors regular sucedido a sus funciones. Sin embargo, justo cuando sea, algunos cánticos más hermosos en la Liturgia de la iglesia son confiados al diácono, noteably, el proeconium paschale, mejor conocidos como Exultet, el rezo consecratory por el cual la vela pascual es bendita el sábado Santo. Esto a menudo ha sido elogiado como la pieza más perfecta de la música de Gregorian, y es cantado en todas partes por el diácono. This has often been praised as the most perfect piece of Gregorian music, and it is sung throughout by the deacon.

VESTIDO Y NÚMERO DE DIÁCONOS

El desarrollo temprano del traje eclesiástico es muy obscuro y es complicado por la dificultad de identificación bien de los objetos indicados simplemente por un nombre. Está seguro, sin embargo, que tanto en el Este como en el Oeste robar, u orarium (orarion) que parece haber estado en la sustancia idéntica con lo que ahora entendemos por el término, ha sido a partir de un período temprano el atuendo distintivo del diácono. Tanto en el Este como en el Oeste también, ha sido llevado por el diácono sobre el hombro izquierdo, y no alrededor del cuello, así de un sacerdote. Los diáconos, según el Cuarto Consejo de Toledo (633), debían gastarse una llanura robó (orariumorarium quia orat, esto es, proedicat) en el hombro izquierdo, el derecho dejado libre de tipificar la expedición con la cual ellos debían descargar sus funciones sagradas. Es interesante notar como una supervivencia curiosa de una tradición antigua que el diácono durante una misa alta Cuaresmal en la Edad media quitó su casulla, lo enrolló, y lo colocó en su hombro izquierdo para dejar su brazo derecho libre. Hoy día él todavía quita su casulla durante la parte central de la misa y lo sustituye por un amplio robó. En el Este, el Consejo de Laodicea, en el cuarto siglo, prohíbe a subdiáconos llevar robar (orarion), y un paso en Chrysostom de San Juan se refiere a las pañerías ligeras que revolotean sobre el hombro izquierdo de aquellos ministering en el altar, claramente describiendo el stoles de los diáconos. El diácono todavía lleva su robó sobre el hombro izquierdo, sólo, aunque, excepto en el Rito Ambrosian en Milano, él ahora lo lleve bajo su dalmatic. El dalmatic sí mismo, que es considerado ahora como distintivo del diácono, fue al principio encajonado a los diáconos de Roma, y llevar tal vestidura fuera de Roma fue concedido por Papas tempranos como un privilegio especial. Tal subvención fue por lo visto hecha, por ejemplo, por el Papa Stephen II (de 752-757) del Abad Fulrad del Santo-Denis, permitiendo a seis diáconos ponerse en orden en el stola dalmaticae decoris (sic) descargando sus funciones sagradas. Según el "Liber Pontificalis“, el Papa Saint Sylvester (314-335) constituit ut diaconi dalmaticis en ecclesia uterentur (ordenó que los diáconos deberían usar dalmatics en la iglesia), pero esta declaración es completamente no fiable. Por otra parte está prácticamente seguro que dalmatics fueron llevados en Roma tanto por el Papa como por sus diáconos en la mitad última del cuarto siglo. En cuanto a la manera de uso, después del décimo siglo sólo estaba en Milano e Italia del sur que los diáconos llevaron robar sobre el dalmatic, pero en una fecha más temprana, esto había sido común en muchas partes del Oeste. Both in East and West also, it has been worn by the deacon over the left shoulder, and not round the neck, like that of a priest. Deacons, according to the Fourth Council of Toledo (633), were to wear a plain stole (orarium – orarium quia orat, id est, proedicat) on the left shoulder, the right being left free to typify the expedition with which they were to discharge their sacred functions. It is interesting to note as a curious survival of an ancient tradition that the deacon during a Lenten high Mass in the Middle Ages took off his chasuble, rolled it up, and placed it over his left shoulder to leave his right arm free. At the present day he still takes off his chasuble during the central part of the Mass and replaces it with a broad stole. In the East, the Council of Laodicea, in the fourth century, forbids subdeacons to wear the stole (orarion), and a passage in Saint John Chrysostom refers to the light fluttering draperies over the left shoulder of those ministering at the altar, evidently describing the stoles of the deacons. The deacon still wears his stole over the left shoulder, only, although, except in the Ambrosian Rite at Milan, he now wears it under his dalmatic. The dalmatic itself, which is now regarded as distinctive of the deacon, was originally confined to the deacons of Rome, and to wear such a vestment outside of Rome was conceded by early popes as a special privilege. Such a grant was apparently made, for example, by Pope Stephen II (752-757) of Abbot Fulrad of Saint-Denis, allowing six deacons to array themselves in the stola dalmaticae decoris (sic) when discharging their sacred functions. According to the “Liber Pontificalis“, Pope Saint Sylvester (314-335) constituit ut diaconi dalmaticis in ecclesia uterentur (ordained that deacons should use dalmatics in church), but this statement is quite unreliable. On the other hand it is practically certain that dalmatics were worn in Rome both by the pope and by his deacons in the latter half of the fourth century. As to the manner of wearing, after the tenth century it was only in Milan and southern Italy that deacons carried the stole over the dalmatic, but at an earlier date, this had been common in many parts of the West.

En cuanto al número de diáconos, mucha variación existió. En ciudades más considerables había normalmente siete, según el tipo de la iglesia de Jerusalén en Acciones 6:1-6. En Roma había siete en el tiempo del Papa Cornelius, y esto permaneció la regla hasta el undécimo siglo, cuando el número de diáconos fue aumentado de siete a catorce. Esto estuvo de acuerdo con el canon xv del Consejo de Neo-Caesarea incluido en la “Recopilación Juris“. El “Testamento de Nuestro Señor” habla de doce sacerdotes, siete diáconos, cuatro subdiáconos, y tres viudas con la precedencia. De todos modos, esta regla no permaneció constante. En Alejandría, por ejemplo, justo cuando temprano como el cuarto siglo, allí deba por lo visto sido más de siete diáconos, ya que nos dicen que nueve tomó la parte de Arius. Parece que otras normas sugieren tres como un número común. En la Edad media casi cada uso tenía su propia aduana en cuanto al número de diáconos y subdiáconos que podrían asistir en una misa pontifical. El número de siete diáconos y siete subdiáconos era bastante frecuente en muchas diócesis durante días de la gran solemnidad. Pero la gran distinción entre el diaconate en los años tempranos y aquel del día de hoy está probablemente en esto, que en tiempos primitivos el diaconate era comúnmente considerado, posiblemente debido al conocimiento de la música que esto exigió, como un estado que era permanente y final. Un hombre permaneció un diácono simple toda su vida. hoy día, excepto en los casos más raros (los diáconos cardinales a veces siguen permanentemente como meros diáconos), el diaconate es simplemente una etapa en camino al clero. In Rome there were seven in the time of Pope Cornelius, and this remained the rule until the eleventh century, when the number of deacons was increased from seven to fourteen. This was in accord with canon xv of the Council of Neo-Caesarea incorporated in the “Corpus Juris“. The “Testament of Our Lord” speaks of twelve priests, seven deacons, four subdeacons, and three widows with precedence. Still, this rule did not remain constant. In Alexandria, for example, even as early as the fourth century, there must apparently been more than seven deacons, for we are told that nine took the part of Arius. Other regulations seem to suggest three as a common number. In the Middle Ages nearly every use had its own customs as to the number of deacons and subdeacons that might assist at a pontifical Mass. The number of seven deacons and seven subdeacons was not infrequent in many dioceses on days of great solemnity. But the great distinction between the diaconate in the early ages and that of the present day lay probably in this, that in primitive times the diaconate was commonly regarded, possibly on account of the knowledge of music which it demanded, as a state that was permanent and final. A man remained a simple deacon all his life. nowadays, except in the rarest cases (the cardinal-deacons sometimes continue permanently as mere deacons), the diaconate is simply a stage on the road to the priesthood.

CARÁCTER SACRAMENTAL DEL DIACONATE

Aunque ciertos teólogos, como Cajetan y Durandus, hayan aventurado a dudarse si el Sacramento de Pedido es recibido por diáconos, puede decirse que se cree generalmente ahora que los decretos del Consejo de Trent han decidido el punto contra ellos. El consejo no sólo establece que el pedido es realmente y correctamente un sacramento pero esto prohíbe bajo el anatema que cualquiera debería negar “que haya en la iglesia otros pedidos tanto mayores como menores como que como por el cierto avance de pasos es hecho al clero”, y esto insiste que el obispo que ordena no dice en vano “les reciben el Espíritu Santo”, pero por que un carácter es impreso por el rito de ordenación. Ahora, no sólo encontramos en los Hechos de los Apóstoles, como notado encima, tanto rezo como la colocación en de manos en la iniciación de los Siete, pero el mismo carácter sacramental provocativo de la impartición del Espíritu Santo es visible en el rito de ordenación como practicado en la iglesia temprana y hoy día. En las Constituciones Apostólicas leemos: Now, not only do we find in the Acts of the Apostles, as noticed above, both prayer and the laying on of hands in the initiation of the Seven, but the same sacramental character suggestive of the imparting of the Holy Spirit is conspicuous in the ordination rite as practiced in the early Church and at the present day. In the Apostolic Constitutions we read:

Un diácono thou shalt designa, O Obispo, poniendo thy manos sobre él, con todo el presbiterio y los diáconos que están preparado thee; y rezando sobre él thou shalt dicen: Dios Omnipotente ….let nuestra súplica viene a oídos de Thy y hace Thy volverse para brillar sobre este criado de Thy que es designado a la oficina de diácono [eis diakonian] y llénele del Espíritu y del poder, como Thou didst llenan a Stephen, el mártir y el seguidor de los sufrimientos de Thy Cristo. Almighty God….let our supplication come unto Thy ears and make Thy face to shine upon this Thy servant who is appointed unto the office of deacon [eis diakonian] and fill him with the Spirit and with power, as Thou didst fill Stephen, the martyr and follower of the sufferings of Thy Christ.

El ritual de la ordenación de diáconos hoy día es como sigue: El obispo primero pregunta al arcediano si aquellos que deben ser promovidos al diaconate son dignos de la oficina y luego él invita el clero y la gente a proponer cualquier objeción que ellos puedan tener. Después de una pausa corta el obispo explica al ordinandi los deberes y los privilegios de un diácono, ellos restante el mientras sobre sus rodillas. Cuando él ha terminado su discurso ellos se postran, y el obispo y el clero recitan las letanías de los Santos, en el curso de los cuales el obispo tres veces imparte su bendición. Después de ciertos otros rezos en los cuales el obispo sigue invocando la gracia de Dios sobre los candidatos, él canta un prefacio corto, que expresa la alegría de la iglesia para ver la multiplicación de sus ministros. Entonces viene más parte esencial de la ceremonia. El obispo saca su mano derecha y la pone sobre la cabeza de cada uno de los ordinandi, diciendo, “Reciba el Espíritu Santo para la fuerza, y resistir al diablo y sus tentaciones, en nombre del Señor”. Entonces estirando su mano sobre todos los candidatos juntos él dice: Envíe abajo sobre ellos, suplicamos Thee, O Señor, el Espíritu Santo por el cual ellos pueden ser reforzados en la descarga fiel del trabajo del ministerio de Thy, por la concesión de Thy gracia séptupla”. Después de esto el obispo entrega a los diáconos la insignia del pedido que ellos han recibido, al ingenio, robar y el dalmatic, acompañándolos con las fórmulas que expresan su significado especial. Finalmente, él hace a todos los candidatos tocar el libro de los Evangelios, diciendo a ellos: “Reciba el poder de leer el Evangelio en la iglesia de Dios, tanto para la vida como para los muertos, en nombre del Señor.” Aunque la forma actual de palabras que acompaña la colocación en de las manos del obispo, anuncio de Accipe Spiritum Sanctum robur, etc., no pueda ser remontada adelante que el duodécimo siglo, el espíritu entero del ritual es antiguo, y algunos elementos, notablemente el conferimiento de robar y el rezo que sigue la entrega del libro de los Evangelios, es de la fecha mucho más vieja. Es significativo que en “Decretum Armenis pro” de Papa Eugene IV la entrega de los Evangelios es dicho de como el "asunto" del diaconate, Diaconatus vero por libri evangeliorum dationem (traditur). After a short pause the bishop explains to the ordinandi the duties and the privileges of a deacon, they remaining the while upon their knees. When he has finished his discourse they prostrate themselves, and the bishop and the clergy recite the litanies of the Saints, in the course of which the bishop thrice imparts his benediction. After certain other prayers in which the bishop continues to invoke the grace of God upon the candidates, he sings a short preface, which expresses the joy of the Church to see the multiplication of her ministers. Then comes the more essential part of the ceremony. The bishop puts out his right hand and puts it upon the head of each of the ordinandi, saying, “Receive the Holy Ghost for strength, and to resist the devil and his temptations, in the name of the Lord”. Then stretching out his hand over all the candidates together he says: Send down upon them, we beseech Thee, O Lord, the Holy Ghost by which they may be strengthened in the faithful discharge of the work of Thy ministry, through the bestowal of Thy sevenfold grace”. After this the bishop delivers to the deacons the insignia of the order which they have received, to wit, the stole and the dalmatic, accompanying them with the formulae which express their special significance. Finally, he makes all the candidates touch the book of the Gospels, saying to them: “Receive the power of reading the Gospel in the Church of God, both for the living and for the dead, in the name of the Lord.” Although the actual form of words which accompanies the laying on of the bishop’s hands, Accipe Spiritum Sanctum ad robur, etc., cannot be traced back further than the twelfth century, the whole spirit of the ritual is ancient, and some of the elements, notably the conferring of the stole and the prayer which follows the delivery of the book of the Gospels, are of much older date. It is noteworthy that in the “Decretum pro Armenis” of Papa Eugene IV the delivery of the Gospels is spoken of as the “matter” of the diaconate, Diaconatus vero per libri evangeliorum dationem (traditur).

En la iglesia rusa el candidato, habiendo sido conducido tres veces alrededor del altar y besó cada esquina, se arrodilla antes del obispo. El obispo pone el final de su omophorion sobre su cuello y marca la señal de la cruz tres veces sobre su cabeza. Entonces él pone su mano sobre la cabeza del candidato y dice dos rezos de un poco de longitud que hablan del conferimiento del Espíritu Santo y de la fuerza otorgada en los ministros del altar y recuerdan las palabras de Cristo que “él que sería primero entre usted debe hacerse como un criado” (diakonos): entonces allí son entregados al diácono la insignia de su oficina, que, además de robar, incluye el ventilador litúrgico, y ya que dan cada uno de éstos las llamadas de obispo en voz alta, axios, "digno", en un tono que aumenta en la fuerza con cada repetición. Then he lays his hand upon the candidate’s head and says two prayers of some length which speak of the conferring of the Holy Ghost and of strength bestowed upon the ministers of the altar and recall the words of Christ that “he who would be first among you must become as a servant” (diakonos): then there are delivered to the deacon the insignia of his office, which, besides the stole, include the liturgical fan, and as each of these is given the bishop calls aloud, axios, “worthy”, in a tone increasing in strength with each repetition.

En tiempos posteriores el diaconate fue tan completamente considerado como una etapa de preparación para el clero lo que ya no interesa atado a sus deberes precisos y privilegios. Las funciones de un diácono fueron prácticamente reducidas al ministerio en la misa alta y a la exposición del Sacramento Bendito en la Bendición. Pero él, como el diputado del sacerdote de parroquia, podría distribuir la Comunión en caso de la necesidad. But he could, as the deputy of the parish priest, distribute the Communion in case of need.

DIÁCONOS FUERA DE LA IGLESIA CATÓLICA

Sólo está en la iglesia de Inglaterra y en las comuniones episcopales de Escocia y Norteamérica que un diácono recibe la ordenación por la imposición de manos de un obispo. A consecuencia de tal ordenación, sin embargo, él se considera autorizado para realizar cualquier oficina sagrada salvo que de bendecir los elementos y pronunciar la absolución, y él habitualmente predica y asiste en la comunión. Entre Lutherans, sin embargo, en Alemania, el diácono de palabra es generalmente aplicado a ayudante, aunque totalmente ordenado, ministros que ayudan al ministro responsable de una cura particular o parroquia. Sin embargo, también es usado en ciertas localidades para ponen a ayudantes que participan en el trabajo de instrucción, finanzas, visita de distrito, y relevación de la angustia. Esto dura también es el uso de la palabra que es común en muchas comuniones disidentes de Inglaterra y América. Among the Lutherans, however, in Germany, the word deacon is generally applied to assistant, though fully ordained, ministers who aid the minister in charge of a particular cure or parish. However, it is also used in certain localities for lay helpers who take part in the work of instruction, finance, district visiting, and relieving distress. This last is also the use of the word which is common in many nonconformist communions of England and America.

- Enciclopedia católica