excomunión

Latín: excepto, de; communicatio, comunióncommunicatio, communion

Una censura espiritual por la cual es excluido de la comunión de los fieles y sufre consecuencias inseparablemente atadas por el derecho canónico a tal exclusión. También es llamado el anatema, sobre todo cuando infligido con solemnidades descritas en el Ritual romano. Mientras no rencoroso, la excomunión es la pena más seria de la iglesia, su objetivo principal de ser la corrección del culpable. Esta corrección toma la forma de exclusión de las ventajas espirituales de la iglesia como una sociedad y el Cuerpo Místico de Cristo. La excomunión directamente sólo afecta al individuo, que no deja así de ser un cristiano, debido al carácter indeleble del bautismo. Puede decirse que un objetivo secundario de la excomunión es la protección espiritual de los fieles. Esto es evidenciado en la clasificación del excomunicado como el vitandi (vitare, para evitar) y el tolerati (tolerare, tolerar). Ambas estas clases son igualmente cortadas de los fieles en cuanto a la comunicación religiosa; pero, además, los antiguos deben ser con cuidado rechazados hasta en asuntos profanos así como religiosos. El vitandus debido a la naturaleza celebre de su falta es el que estigmatizado de nombre, en público, y por la oración judicial. En contra de estas clases, la división antes y clásica de la excomunión era: excomunión principal, exclusión completa eficaz de la comunidad de los fieles; excomunión menor, una privación de ciertas de las ventajas de la iglesia, p.ej, recepción de los Sacramentos y rezo público. Los derechos racionales de la iglesia como una sociedad autónoma para excomunicarse del ingreso son tan evidentes como su derecho de confesarse culpables de mismo. Los ejemplos del Antiguo testamento y Nuevo Testamento, y la práctica de los Apóstoles amueblan la prueba de esto. En el Antiguo testamento tenemos la exclusión de la Sinagoga (1 Esdras 10). En el Nuevo Testamento el Apóstol entrega “tal un al Satán para la destrucción de la carne” (1 Corinthians 5). El “poder de las llaves” abraza no sólo el poder de remitir el pecado, pero todo el poder penal y coercitivo necesario para el final de la iglesia (Matthew 18:16). While not vindictive, excommunication is the Church‘s most serious penalty, its chief purpose being the correction of the guilty. This correction takes the form of exclusion from the spiritual benefits of the Church as a society and Mystical Body of Christ. Excommunication directly affects only the individual, who does not cease thereby to be a Christian, owing to the indelible character of Baptism. A secondary purpose of excommunication may be said to be the spiritual protection of the faithful. This is evidenced in the classification of the excommunicated as the vitandi (vitare, to avoid) and the tolerati (tolerare, to tolerate). Both these classes are equally cut off from the faithful as regards religious communication; but, in addition, the former are to be carefully shunned even in profane as well as religious matters. The vitandus on account of the notorious nature of his fault is one stigmatized by name, publicly, and through judicial sentence. Opposed to these classes, the earlier and classic division of excommunication was: major excommunication, effective complete exclusion from the community of the faithful; minor excommunication, a deprivation of certain of the Church‘s benefits, e.g., reception of the Sacraments and public prayer. The rational rights of the Church as an autonomous society to excommunicate from membership is as evident as her right to admit to same. The examples of the Old and New Testament, and the practise of the Apostles furnish proof of this. In the Old Testament we have exclusion from the Synagogue (1 Esdras 10). In the New Testament the Apostle delivers “such a one to Satan for the destruction of the flesh” (1 Corinthians 5). The “power of the keys” embraces not only power to remit sin, but all penal and coercive power necessary to the end of the Church (Matthew 18:16).

El efecto adecuado y general de la excomunión es suficientemente evidente hasta ahora, de la explicación de la definición. En particular, los efectos canónicos definitivamente secretos siguen: exclusión de servicios divinos de la iglesia, privación de los Sacramentos (y a veces sacramentals); exclusión de los rezos públicos de la iglesia, por vía de satisfacción o por vía de impetration; pérdida del derecho de participar en acciones legales de la iglesia; pérdida de ingresos de oficina eclesiástica; y pérdida de derecho a relaciones sociales en caso de vitandus. El derecho canónico distingue dos foros o tribunales: el sacramental, o el tribunal de Penitencia, y el no sacramental, público o privado. Cuando el penitente aparece en el foro sacramental, el Ritual romano prescribe la misma fórmula para la absolución de la excomunión como esto usado para la remisión del pecado. En el foro no sacramental, ya que la absolución es un acto jurisdiccional, cualquier fórmula que expresa el efecto querido puede ser empleada. Después de ley general de la jurisdicción ya que esto se aplica a censuras, la excomunión puede ser llevada por el que quién lo había infligido, su superior, delegado, o sucesor. exclusion from divine services of the Church, deprivation of the Sacraments (and sometimes sacramentals); exclusion from the public prayers of the Church, either by way of satisfaction or impetration; loss of the right to participate in legal acts of the Church; loss of income from ecclesiastical office; and loss of right to social intercourse in case of vitandus. Canon law distinguishes two fora or courts: the sacramental, or the tribunal of Penance, and the non-sacramental, either public or private. When the penitent appears in the sacramental forum, the Roman Ritual prescribes the same formula for absolution from excommunication as that used for remission of sin. In the non-sacramental forum, since absolution is a jurisdictional act, any formula expressing the effect intended may be employed. Following the general law of jurisdiction as it applies to censures, excommunication may be taken away by the one who had inflicted it, his superior, delegate, or successor.